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Nido de gorrión

El fin de semana pasado descubrí un nido de gorrión…

… fue en un patio, entre las ramas de una parra, e intentando ser de lo más cuidadosa, cogí una escalera y asome mi móvil a ver que grababa. Me habían dicho que seguramente me encontraría algunos huevecillos, pero la sorpresa fue al revisar las imágenes y ver cuatro polluelos de pocos días.

Este fin de semana iba pensando en hacer exactamente lo mismo, es una casa habitada, por lo tanto el nido se ha construido mientras sus habitantes se mueven por el patio y descansan a la sombra de la parra.  Y ahí estaba yo, cogiendo la escalera y preparando el móvil, ignorante de mí pensaba que allí iban a seguir los cuatro quietecitos para que yo les grabara o les sacara alguna foto, ya, ya… fue asomar un poco el móvil y salir volando los cuatro.

No habían salido antes del nido y aunque ya les quedaba muy poco no era el momento y menos obligados por un susto. Ni me había planteado que ya podían volar. ¿Pero sabéis una cosa? esto me hizo ver en primera línea como es el auténtico espectáculo de aprender a volar.

Terminaron los cuatro por el suelo y en su huida uno había chocado contra la pared, yo me sentía muy culpable, así que no me lo pensé mucho, siempre he oído decir que pueden ser rechazados por el olor humano así que agarre una hoja de parra me frote las manos y fui con calma y cuidado decidida a cogerlos y devolverlos al nido…

Hicimos un par de intentos pero fue en vano y se me ocurrió que podía cogerlos de dos en dos, ponerlos uno frente a otro y meterlos al mismo tiempo en el nido, eso si funciono.

Los padres volvieron y yo respire, pero ya les había dado el pistoletazo de salida así que desde ese momento empecé a observarlos desde lejos e hice bien  ya que en una de las ocasiones vi como el gorrión macho se posaba en el borde de un ánfora piando y mirando insistentemente hacia el fondo revoloteando alrededor y posándose a los lados como buscando un agujero por el que entrar a salvar a su pequeño. Lo supe enseguida así que en cuanto se fue incline el ánfora, el gorrioncillo salió y repetí de nuevo la operación para devolverlo al nido.

Estaba un poco débil pero a estas alturas yo ya creía saber que ni los iban a abandonar, ni iban a morir. Eran pequeños pero fuertes.

Y así fue, mi siguiente sesión de gorriones fueron unas clases de vuelo magistrales impresionantes. Primero unos paseos por la parra, luego un poco de vuelo hasta otras ramas que cubren la pared, un poquito más lejos, un poquito más alto y… poco a poco fueron abandonando el patio. El último en salir paso varias horas en pie, en el borde del nido esperando su turno.

Cambiaron mucho de un día para otro. La mejor imagen, uno de los regresos de las dos hembras, posadas en la valla, jóvenes, estilizadas, con fuerza y con vida.

Categorías: Observación de especies | Etiquetas: , , , ,

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