Este lugar fue descubierto en 1988, junto a los márgenes del río Águeda a unos 15 km al noroeste de Ciudad Rodrigo, en Salamanca. Allí sobreviven en las rocas cerca de 600 grabados conocidos donde nuestros antepasados del Paleolítico Superior dejaron representados cérvidos, bóvidos y caballos, pero también otras especies hoy ya extinguidas como renos, bisontes y rinocerontes lanudos, imágenes, que nos hacen retroceder en el tiempo a una época de glaciación ya que estas representaciones abarcan un periodo muy amplio, entre 20.000 y 12.000 años antes de nuestra Era. Los expertos pueden concretar ese tiempo gracias a las comparaciones con los grabados de la estación de Foz Côa a menos de 100 km en la vecina Portugal y algunos rasgos de los existentes en las cuevas de la cornisa Cantábrica.
Si cogemos un poco de altura en seguida nos damos cuenta de que es una buena zona de paso y un punto privilegiado de observación y control de los animales que acudían a estas aguas. Este conjunto junto con el enclave portugués es uno de los más importantes del Arte Paleolítico al aire libre de toda Europa ya declarado Patrimonio Mundial.
Siempre de perfil, solitarios o formando escenas, imágenes compuestas para representar movimiento o estáticas, la magia de la caza o distribución de territorios. El arte de la luz.
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Siega Verde celebra en 2014 los 25 años de su descubrimiento >>
